01/03/2023
Reconociendo
Y entonces presté atención


Ya iba tarde. Tomé la llave del carro de la mesa de entrada de la casa y me dirigí con prisa al garaje para montarme en mi vehículo. Al mismo tiempo le decía a mi hija de cinco o seis años (en aquel entonces) que también se aligerara. Y cuando me senté frente al volante, justo después de que me coloqué el cinturón de seguridad y ya casi por encender el carro, de la nada, se me vino a la mente la siguiente referencia bíblica: Proverbios 3: 5-7.
Por segundos me sentí perdida. “¿Qué?”, pensé por un momento. Y escuché un susurro muy claro en mi oído derecho: “Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión, teme al Señor y apártate del mal”.
El susurro provenía de la boca de mi hija, que lo recitó en inglés, mientras ella, feliz, tenía recostado cada uno de sus pequeños brazos entre las sillas del piloto y del copiloto, en vez de estar ya ajustada en su silla de seguridad en la parte de atrás del auto.
Me di vuelta, sorprendida, y le pregunté por qué me lo decía. Y ella solo me respondió que ese era el verso bíblico que estaban estudiando en la iglesia esta semana y que quería recordarlo de nuevo. Su respuesta no me convenció, pero sí tenía más sentido para mí. “Ok. Seguro lo escuché de ella antes”, justifique. Y salimos apuradas.
Ya sea que yo, en voz alta y sin darme cuenta, haya dicho el verso y ella lo recitó porque me escuchó mencionarlo, o que realmente ella, en ese momento, se recordó practicar el verso, o que sea cual sea la razón por la cual ese verso vino a mi mente y ella lo recitó, es, sin lugar a dudas, una Diosidencia que nunca olvidé.
Seguramente ustedes, de una u otra manera, en su relación con Dios, han tomado “notas” mentales en su memoria de esos detalles tan particulares que nuestro Padre tiene con nosotras y que, por supuesto, también dependen de nuestra capacidad para estar atentos y escucharle. Y gracias al Espíritu Santo, a discernir lo que escuchamos. Guardo en mi corazón y en mi mente muchas Diosidencias como las que les acabo de compartir.
Hace mucho tiempo alguien me preguntó cuál era mi “gracia”. No le pude contestar de inmediato, pues me puse a reflexionar seriamente sobre qué me hacía diferente del resto de las personas. Lo que no sabía era que esa pregunta no se refería a talentos, sino a una sencilla forma de preguntarte tu nombre. Al final, ni le dije mi nombre ni elaboré en mi mente un par de características que, según yo, me distinguieran de los demás.
Sin embargo, hoy por hoy podría decir que una de mis “gracias” o algo especial en mí es que me apasiona escribir. Esa “gracia” la he utilizado en los últimos años para llevar un recuento de algunos episodios de mi vida —diosidencias o no— a manera de diario. Una “gracia” que viene de Él.
El año pasado me tomé el tiempo de empezar a poner esas notas en orden, reescribir algunas o empezar nuevas, pues, como bien dice un autor por ahí, uno escribe lo que quiere leer. Y si alguna de ustedes lleva un diario o un registro de escritura de manera consistente, sabrá a lo que me refiero.
Sin embargo, en ese proceso de ordenar mis notas, sentí en mi corazón que el Señor me decía: «Comparte». «Comparte lo que escribes». Estas son las líneas que leerán y compartiré con ustedes, a modo de reflexiones, con la mayor regularidad posible, pero consciente de lo impredecible que es la vida.
He decidido titular este espacio pensando en los consejos contenidos en el verso bíblico de Proverbios 3: 5-7. Descubro que cuando reflexiono, escribo y reviso lo que escribo, conecto con las recomendaciones que Dios Padre me regala en su Palabra, procurando reconocerle en el corre-corre de todos los días.
De hecho, fue hasta esa vez, hace algunos años, cuando salí apuradamente de la casa con mi hija, cuando reparé seriamente en Proverbios 3: 5-7. Fue como escucharlo por primera vez. Y esta vez, presté atención. No con mi mente, sino con mi corazón. ¿Has experimentado algo similar con uno o varios versículos de la Biblia? Seguramente que sí.
Como ustedes sabrán, el libro de Proverbios contiene instrucciones y ordenanzas prácticas sobre cómo vivir una vida plena en Dios desde la cotidianidad.
A pesar de que Proverbios 3: 5 nos instruye a confiar en el Señor y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento, el siguiente versículo me parece escrito en letras mayúsculas y en negrita. Una instrucción y una promesa: “Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:6 NBLA).
Reconocer. En ese verbo me he detenido a pensar seriamente. Considero que el acto de reconocer “algo” no es un proceso sencillo. Si reflexionas un poco más al respecto, esto requiere que todo tu ser acepte una realidad concreta. Es cuando cada uno de nuestros sentidos realiza un análisis detallado de lo que se le presenta para reconocerlo —tomarlo en cuenta, tenerlo presente de manera intencional— y aceptarlo por completo.
A veces, nuestros reconocimientos se dan o se aprenden. Por ejemplo, reconocemos —y aceptamos— la autoridad del juez en una corte. O son experienciales: aprendemos todos los días a reconocer —aceptamos y luchamos— en qué somos más débiles o más fuertes ante una determinada situación. Todos nuestros sentidos lo saben porque lo hemos vivido.
Pero muchas veces reconocer algo no significa necesariamente que lo aceptemos, ¿verdad? Toma tiempo entre el momento en que reconocemos y el en que aceptamos. Por ejemplo, sabemos que Dios quiere lo mejor para nosotros y lo reconocemos como Dios.
Pero ¿cómo lo reconoces? …¿Lo reconoces y haces parte de todos tus caminos? Sí, en todos. Pero llegar a reconocerle es aceptarlo primero en nuestra vida. Y confiar. E iniciar una relación. O sea que la aceptación forma parte del reconocimiento. Y en cualquier etapa en la que te encuentres, ya sea en la aceptación del maravilloso amor de Dios y en reconocerlo en todo lo que haces, Él siempre te acompañará en el proceso.
¿Cómo? A través de tu tiempo con Él en oración y de la lectura diaria de su Palabra.
Les animo a que empecemos el año haciendo de esas dos actividades una prioridad. Si deseas, también te animo a que después leas en oración Proverbios 3: 5-7 en la versión de la Biblia que desees. Le pido al Señor que sea su Espíritu Santo quien te revele lo que solo Él puede revelarte sobre cómo obedecer y seguirle a través de ese verso bíblico.
No dejes de leer los versos bíblicos que se encuentran antes y después para entender el contexto en el que este pasaje fue escrito. O mejor aún, de pronto, lees, estudias y oras todo el capítulo tres del libro de Proverbios. No sé hasta dónde el Espíritu del Señor te llevará, pero no lo limites.
En este año que inicia, la palabra reconocimiento —basada en Proverbios 3:5-7— es la palabra clave que comparto con este hermoso grupo que Dios ha creado, declarando y confiando que empezaremos o seguiremos intencionalmente reconociéndole en todos nuestros caminos.
Lo sé. Es un proceso. No es competencia ni hay niveles como en la escuela. Y eso lo hace aún más especial, porque tu experiencia de vida no solo es única, sino que solo tu Padre celestial la conoce por completo. Y Él está esperando a que lo hagas parte de ella para compartirte las bendiciones reservadas solo para ti.
Mientras tanto, y desde nos encontramos físicamente o desde la temporada o estación de vida que vivimos, continuemos orando las unas por las otras, y compartiendo la misericordia de Dios en nuestras vidas en comunidad. Nos anima y nos fortalece. Y nos acerca más a Él.