15/10/2026

Aprendiendo

Desde las primeras letras

Alex Geerts en Unsplash
Alex Geerts en Unsplash

El tiempo pasa y ni nos damos cuenta. Hace unas semanas, una amiga me contó que su hijo menor recién había iniciado el primer grado de primaria y que estaba muy contento. Pero lo que más me llamó la atención de nuestra conversación fue que mi amiga me comentó que al final de este curso en el que aprenden a leer y escribir, la escuela les organiza una actividad especial para celebrar ese paso importante en su aprendizaje. Me pareció hermoso. Pensé que me habría encantado participar en un evento similar cuando era niña, pues el acto de leer y escribir —en cualquier idioma— es realmente un milagro.

En nuestro lenguaje, la conexión entre las vocales y las consonantes que producen un sonido, interpretada en imágenes, dando vida primero a una palabra, luego a una oración y después a una idea, es todo un descubrimiento. Muchos autores y educadores lo afirman de distintas maneras.

Creo que mi primer recuerdo de ese descubrimiento fue cuando encontré en mi casa una guía telefónica (sí, existió). En ese entonces aprendía a leer y recuerdo perfectamente cómo mi mente infantil se maravilló cuando, en las páginas amarillas, pude leer, en la esquina inferior derecha de cada una, la frase: “Continúa en la siguiente página”.

Sorprendida por mi hallazgo, seguí la dirección indicada, volteé la página y, en la esquina superior izquierda, encontré otra frase que decía: “Viene de la página anterior”. No tienen idea de la satisfacción que sentí en ese momento al comprender esa orientación tan simple. Fue tan importante que aún la recuerdo.

La lectura y, posteriormente, la escritura, o casi simultáneamente, dependiendo de la experiencia de aprendizaje de cada uno, nos llevan a lugares que nunca imaginamos. Hoy leemos por placer, por trabajo o por estudio; escribimos para comunicarnos y seguramente han escuchado la frase que dice que quien escribe con regularidad aclara sus pensamientos.

No dudo que han leído o escrito mucho y seguramente hay algunos libros que recuerdan mejor que otros. Pero cuando somos aceptados por nuestro padre celestial a través de su hijo Jesucristo en la familia de Dios, leemos la Biblia para conocer más a Dios.

Descubrimos cómo la Biblia nos revela a las tres personas de la Trinidad en diferentes momentos: su carácter, nuestro pecado y la historia de salvación y redención que nos conecta de nuevo con el Padre, siendo estos los temas —entre muchos otros—los más relevantes.

Pero noto que fácilmente se nos olvida que la lectura de la Biblia conlleva, además del proceso de lectoescritura que generalmente aprendimos de niños, un elemento que no depende de nosotros. Es el elemento de revelación que recibimos del Espíritu Santo en nosotros cuando fuimos sellados por Él (Efesios 1:13).

El énfasis de lo que quiero compartirles hoy está vinculado a cómo Dios se revela ante nosotros a través de su palabra revelada que encontramos en la Biblia y en otras experiencias.

Según los teólogos, Dios se revela a todos, sean creyentes en Él o no, primero a través de la naturaleza. Luego, su mayor revelación se encuentra en la Biblia que leemos. Por supuesto, cualquiera puede leer la Biblia; es un libro cuyo texto es comprensible y ofrece una línea narrativa interesante.

Pero con la guía del Espíritu Santo, la lectura de la Biblia va más allá de la mera información. Cuántas veces, frente a un texto bíblico, hemos dicho: ¡Esto era justo lo que deseábamos escuchar!

Es interesante cómo el autor de la Carta a los Hebreos llama a su audiencia a poner especial atención cuando Dios habla, explicándolo así:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.
(Hebreos 4:12 DHH)

Este texto del libro de Hebreos se relaciona con la dureza de corazón que mostraron los israelitas en Meribá al inicio del Éxodo (Éxodo 17: 1-7), su murmuración y su falta de escucha a Dios. Pero especialmente su desobediencia. (Animándoles a que lean el capítulo completo en la versión de la Biblia que deseen.) Noten el poder de la Palabra de Dios.

Pero me impresiona aún más cuando no nos quedamos solo con la lectura y la meditación de la Palabra —acompañados de nuestro tiempo de oración—, sino que resulta interesante cómo esa misma Palabra se hace vida cuando se aplica y se comparte con otros.

Lo podemos observar en nuestro caminar cristiano en comunidad. En una reunión con un grupo de hermanas con quienes llevo muchos años de conocer, la líder del grupo pidió a algunas de nosotras que, desde nuestra experiencia, comentáramos sobre un pasaje de la Biblia que tuvo un significado especial en algún momento de nuestra vida.

¿Qué podrían compartir ustedes hoy? ¿Cuánto de Dios han buscado y cuánto de Dios se ha revelado para ustedes no solo a través de su Palabra?

Al menos en esta reunión y en muchas otras en las que participo, el resultado siempre es tan enriquecedor como de crecimiento y me recuerda que no estoy sola en ninguno de los procesos que vivo. Siendo todas las experiencias diversas y únicas.

Pero también descubro que a muchos les cuesta compartir esas maravillosas revelaciones que nos hacen hijos de Dios. Y he aprendido con los años que el tesoro que encontramos en Cristo crece cuanto más lo comparto.

El libro del apóstol Juan ofrece una imagen maravillosa en la que reflexiono cuando pienso en Jesús: la del buen pastor.

Entonces Jesús dijo: «Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido». Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre, y las ovejas reconocen su voz; las saca del redil, y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.
(Juan 10: 1-4 DHH El ennegrillado es mío)

Escuchar y reconocer su voz. En el silencio de nuestro tiempo con Él. En su Palabra revelada y en el compartir de los hermanos. Desde aquellas primeras letras que nos enseñaron hace mucho tiempo hasta ahora, en donde hemos reaprendido a leer y descubrir Su verdad todos los días, procuremos no dejar de avanzar. Vale la pena.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

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