12/02/2026
Amando
Mucho más


No debió tomarme de sorpresa porque lo sospechaba desde hace tiempo, pero creo que cuando uno tiene dudas sobre algo y finalmente otra persona confirma lo que uno estaba pensando en relación con algo o alguien, el corazón se sobresalta con una frase interna que dice algo así como: ¡lo sabía!
Sentada a un costado del aula durante un seminario bíblico que estudié hace unos años, el profesor del curso nos explicó que el maravilloso “poema de amor” basado en el libro de 1 Corintios 13, escrito por el apóstol Pablo para la comunidad de Corintios, “siento decirles que no es un poema de amor, más bien es una reprimenda”. Al leer el contexto en el que fue escrito todo el libro, te encuentras con ese detalle.
Sí, es un regaño para la comunidad de Corintios, que actuaba con arrogancia, orgullo y egoísmo entre sí. Y las características de la conducta de un verdadero amor son los versos bíblicos que conocemos y que contrastan con la actitud de los corintios sobre la que Pablo está llamando la atención.
Pero mientras el profesor comentaba más sobre este tema, mi memoria me trasladó de inmediato, sin necesidad de aplicar la teoría de la relatividad del tiempo y el espacio a mí, adolescente. La adolescente que buscaba respuestas. Y cuando, en ese entonces, en mi círculo de amistades, surgió el interés por el sexo opuesto, este pasaje bíblico me servía de estandarte o de filtro para comprender qué es el amor. Claro, no era como yo pensaba, pero tampoco nadie me explicó lo contrario. Y durante muchos años fue mi pasaje favorito.
Y ya adulta, cuando intencionalmente empecé a estudiar la Palabra de Dios, descubrí que ese texto era mucho más de lo que mi mente de entonces podía pensar o creer. Cuando mi memoria me trajo de vuelta al curso que estaba tomando, aprendí muchísimos más aspectos de este pasaje que no conocía antes.
Coincidirá conmigo en que, cuando se trata de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo siempre nos revela algo nuevo —aun sobre un mismo texto—, y de nosotros depende prestar atención a lo que se nos revela y para qué.
Sea una reprimenda o no, el texto es maravilloso y creo que, literariamente, es casi un poema. Y sí, el tema central del texto es el amor. Sin embargo, es interesante cómo Pablo señala acciones puntuales que no sirven si no se llevan a cabo con amor. Veamos el texto:
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
(1 Corintios 13: 1-3 Reina-Valera 1960. El ennegrillado es mío)
En apenas tres versos bíblicos, el apóstol Pablo explica que, aun si Dios, gracias a su misericordia, nos confió dones espirituales o si nos entregamos por completo a su causa, incluyendo la muerte, de nada sirven si no están basados en el amor.
Y lo reafirma de nuevo cuando menciona tanto en el inicio como al final del último párrafo de ese texto lo siguiente:
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. (1 Corintios 13: 8 Reina-Valera 1960. El ennegrillado es mío)
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1 Corintios 13: 13 Reina-Valera 1960. El ennegrillado es mío)
De acuerdo con este texto, el amor es importante. Pero según Pablo, es lo más importante. Si interpreto correctamente, el amor debe ser el principal catalizador de todas las acciones que realizo hacia el otro.
¿Pero cómo puedo yo saber si estoy realizando acciones con amor? Volvamos al texto y observemos.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Corintios 13: 4-7 Reina-Valera 1960 o alguna otra versión que ustedes deseen revisar)
Si juntásemos solamente las características de lo que no es el amor, descubriríamos el perfil de una persona orgullosa, egoísta y llena de sí misma que solo busca lo que le conviene, incluso aceptando la injusticia. Coincide con la actitud que Pablo pretende corregir en esta comunidad de cristianos. El uso de la negación en cada frase elimina cualquier excusa y ambigüedad, además de confrontar.
Pero yendo un poco más allá, observo también que, mediante la figura literaria de la anáfora y el contraste, Pablo explica qué es el amor o qué produce en una persona. Y nos obliga a reflexionar sobre si realizo esas acciones contra el otro. ¿Tengo envidia? ¿Soy jactanciosa? ¿Soy orgullosa? Y así podemos continuar con el resto del texto.
Decidí hacer el ejercicio de colocar el texto de 1 Corintios 13: 4-7 en positivo y descubrí lo siguiente que ahora les comparto:
El amor es generoso.
Es humilde.
Es modesto.
Actúa correctamente.
Busca el bien común.
Es paciente.
Perdona.
Se goza de la verdad.
Interesante, ¿no? Es edificador. Y me hace comprender que el propósito es entregar más que recibir. Es entregar tiempo, paciencia y mucho más. Pero mucho más.
Es salir de nuestra zona de confort. Es acompañar. Sembrar o ver crecer sin esperar reconocimiento. Empezar de nuevo tantas veces como sea necesario. Morir a nosotros mismos en favor del otro.
Porque el otro es otra persona rota como yo. El otro que recibe gracia inmerecida como yo. Otra persona que lucha consigo misma como yo. Otra persona que merece la salvación que Cristo ofrece como yo. Otra persona pecadora como yo.
(Y estamos de acuerdo en que, tristemente, en nombre del amor, existe el abuso y eso requiere otro tipo de intervención, que es otro tema.)
Vuelvo a este pasaje de tanto en tanto y siempre encuentro algo nuevo que aprender. No sé cómo el Espíritu Santo trabajará en sus corazones cuando lean estas líneas, pero confío en que le escuchemos para saber cómo utilizar los lentes del amor con los demás. Pidámosle que lo recordemos siempre.
Jesús es el mejor ejemplo de todas las características del amor que mencioné en positivo. Lo podemos leer en los evangelios cuando recorrió ciudades y pueblos buscando a los perdidos, curando enfermedades y brindando compasión y misericordia a todo el mundo. Y luego, murió en la cruz para salvarnos.
¡Qué muestra de amor más grande!
“En el atardecer de la vida nos examinarán en el amor” es una frase atribuida al poeta y filósofo español Juan de la Cruz, compuesta hace más de cuatro siglos. La leí una vez y nunca la olvidé. Siempre me hace reflexionar. Y en estos tiempos, aún más.