¡Hola!

Gracias por acompañarme en la aventura de estas reflexiones en voz alta que registro a modo de blog e inicié compartiendo con un grupo de maravillosas hermanas en Cristo hace algunos años. Juntas oramos, estudiamos la Palabra de Dios y nos animamos en nuestro caminar cristiano.

En ese proceso, gradualmente descubrí que, entre mi tiempo personal con el Señor, leyendo su Palabra y compartiendo en comunidad, la conexión entre las enseñanzas que leía y mi vida diaria se entrelazaba, dándoles un sentido diferente: de pronto me animaban, guiaban, corregían y, en general, me enseñaban. Todo ello, en cualquier circunstancia de la vida que estuviera atravesando.

Y aún es así. Cuando doblo ropa, cuando voy al supermercado, converso con mi esposo o, en el día a día, con nuestros dos hijos. Una familia regular que cree en un Dios misericordioso y extraordinario.

De pronto, un día como cualquiera en el que corríamos tarde a una actividad de mi hija, el pasaje de Proverbios 3: 5-7 vino a mi mente, como muchos otros que recuerdo de vez en cuando, pero esta vez presté atención. Y a partir de ahí, este maravilloso verso se convirtió en una guía ante la confusión, el temor o la duda que me asaltan cuando las circunstancias de la vida, muchas veces, me golpean duro.

Confía en el SEÑOR con todo
tu corazón
y no te apoyes en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos
y él enderezará tus sendas.
No seas sabio en tu propia opinión: Teme al SEÑOR y apártate del mal.

(Proverbios 3: 5-7 Reina-Valera Actualizada)

Reconociendo. Confiando. Honrando. Tres aspectos fundamentales que encontramos en Proverbios 3: 5-7 y que son el espíritu de este blog. Con ustedes comparto esas pinceladas en clave del evangelio que me hacen reflexionar sobre cómo construimos el Reino de Dios en la tierra a partir de nuestras realidades.

Oro para que juntas crezcamos en el conocimiento de Dios; los animo a estudiar su Biblia y a preguntarle al Espíritu Santo, en oración, qué les quiere mostrar o enseñar en la temporada de vida en la que se encuentran, guiándoles y sustentándoles con un propósito santo. Jesús es nuestro ejemplo. Al final, todo es acerca de Él, nuestro Redentor y Salvador.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

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