01/01/2024
Desesperación
Un camino inesperado


Una de las noticias más tristes que escuché justo al finalizar el año fue la muerte del actor surcoreano Lee Sun-Kyun (Pasta 2010, My Mister 2018 y la película Parásito que ganó un Óscar en el 2019, entre otros trabajos). Sigo desde hace más de una década la cinematografía y los dramas coreanos y esta muerte me dolió. Uno de mis actores favoritos. Muy talentoso.
Desde que fue acusado de uso de drogas hace apenas un par de meses, fruncí el ceño. Y, efectivamente, las cosas no empezaron a ir bien para él tras ese incidente. Y en medio de todo el drama mediático alrededor de si usó o no drogas, la desesperación lo llevó a quitarse la vida.
Cuando veo noticias de ese tipo, o sea, de personas célebres en diferentes ámbitos que deciden poner fin a sus problemas quitándose la vida, siempre me pregunto lo mismo: ¿Es que no hubo alguien que les compartiera la Palabra de Dios y les comentara que sí hay esperanza…? Mi respuesta es siempre que tal vez no hubo, pero sí, de casualidad, alguien lo hizo; seguramente él ya no estaba en condiciones de escuchar. Estaba desesperado.
Tanto talento, tanta fama y, sin embargo, el corazón humano es el mismo. La desesperación te ciega. Primero, nos quita la paz. Luego, se convierte en una obsesión. Y tercero, te lleva a caminos…inesperados. Si esa desesperación no está dirigida por nuestro Padre Celestial, las consecuencias son catastróficas.
¿Te ha tocado estar en una situación de desesperación por vos misma o por otra persona? No es fácil. Y lo peor es la sensación de impotencia. Saber que no puedes —ni físicamente ni emocionalmente— salir ni ayudar a salir a alguien de su desesperación. Muchas veces un abrazo tiene más fuerza que el remolque de un camión.
Esa desesperación que proviene de nuestra necesidad natural de controlarlo todo se choca con la pared de lo que nuestro Señor Jesucristo nos anima a hacer: entregárselo todo a Él. Una amiga muy querida siempre dice que es especialista en dejar y recoger la carga ante los pies del Señor, casi al mismo tiempo. ¡Cuando termina de colocarlo, lo recoge de nuevo casi al mismo tiempo! Requiere mucha valentía soltar de verdad.
Escribo esto y pienso en todas las cargas que aún no suelto, gracias a ese espíritu de control que no viene de Dios. Y algunas me han llevado por la desesperación y han guiado mis pasos hacia los lugares equivocados. Pero ya aprendí mi lección y puedo reconocer cuando mi humanidad no quiere soltar. Y ahí empieza el proceso. Y ya lo he comentado antes: toma tiempo y disciplina.
Pero esta vez quiero llamar su atención sobre otro tipo de desesperación. La desesperación de intentar controlar por nuestros propios medios la conocemos perfectamente. Esta vez quiero referirme a otro tipo de urgencia que casi no comentamos. Las “urgencias” que Dios te ha llamado a hacer y que no has hecho.
Yo misma estoy aquí, escribiéndoles, justamente por eso. Empecé a compartir con ustedes algunas reflexiones el año pasado y luego dejé de hacerlo. Yo no dejé de escribir. De hecho, yo escribo diariamente.Pero dejé de compartir. Y la orden era simple: compartir. Las excusas abundan; yo ya no tengo ninguna.
Pero ¿cuál es la tuya? O sea, tu excusa. ¿Cuántas veces has retrasado ese sueño que Dios ha puesto en tu corazón creyendo que es insignificante? ¿En serio? ¿Estás segura de eso? Te animo a que, juntas, este año nos sumemos a la santa “desesperación” de cumplir su voluntad.
Así es. Que, en vez de cegarte, Dios te anime y te confirme. Primero, que te quite la paz (hasta que no hayas cumplido tu asignación). Luego, que se convierta en una obsesión (¡hasta que no hayas cumplido tu asignación! ). Y te puedo asegurar que te llevará por caminos…inesperados.
De pronto, esa santa desesperación evitará que alguien muera espiritualmente hoy gracias a tu oración, a una palabra de aliento o a compartir un verso bíblico. O tal vez compartas un postre. Nunca desestimes el más mínimo esfuerzo que hagas, porque tal vez ese esfuerzo le salve la vida a alguien.
Una de las pocas cosas que agradezco de nuestro tiempo durante la pandemia es que nos obligó a reestructurar nuestras prioridades. No permitamos que otros decidan nuestra agenda de este año que inicia cuando ya tenemos tareas asignadas…desde la eternidad.
¿Te sumas al reto? Me avisas.
“En paz me acostaré, y asimismo dormiré;
Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” (Salmo 4:8 Reina-Valera 1960)