01/05/2024

Sacrificando

Una historia de amor

Todo parecía una cena perfecta en familia. Mi esposo y yo preparamos una receta nueva y estábamos muy orgullosos de ello. Ya sentados, compartiendo lo que preparamos, se inició una discusión con nuestro hijo adolescente, que terminó con que lo enviáramos a su habitación por la actitud que adoptó para resolver el conflicto. Me dolía el corazón verlo así. Por un lado, sabía que él tenía que reflexionar sobre su actitud, pero, al mismo tiempo, mi corazón de madre quería abrazarlo y levantarle el castigo. Pero no lo hice.

Creo que a todos nos encantan las historias de amor, especialmente aquellas con un final feliz. Con el tiempo, y cuando somos nosotras las protagonistas de esas historias, descubrimos que detrás de cada acción de amor hay mucha valentía, sacrificio y entrega. Amar a alguien es más que un sentimiento; es una decisión de vida que viene envuelta en el regalo de un esposo, hijos, o en tu primera familia que son tus padres y hermanos y resto de familia extendida. O tal vez un amigo o una amiga entrañable que pasa a ser familia también.

Todos los días tomamos decisiones de amor. Nos levantamos para preparar nuestro desayuno y el de los otros, manejamos a nuestros hijos a la escuela, recogemos por enésima vez los juguetes de los nietos, o llevamos al médico a la madre o al padre anciano que requiere atención. Tal vez muchas veces no lo hacemos con el amor que quisiéramos, pero al final sí lo hacemos. Puede que tu tanque emocional de amor ya esté vacío, pero sigues adelante.

Para que te levantes el ánimo si te encuentras abatido por la falta de amor que puedas sentir o creer que careces el día de hoy, quiero recordarte una historia de amor real y verdadera que tiene un final feliz. Y te incluye personalmente. Y no importa en qué etapa de la vida te encuentres, pues siempre es nueva. Puede que hoy te sientas sola, a pesar de estar en medio de mucha gente a tu alrededor. O todo lo contrario, pero este abrazo espiritual nunca está de más.

Esta historia la hemos escuchado tantas veces que puede que la sepamos de memoria, pero les animo a que hoy la leamos en voz alta y reflexionemos sobre ella.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
(Juan 3: 16-17 RV 1960)

¡Al día de hoy nunca he conocido a alguien que ame tanto, pero tanto, que entregue a su propio hijo para salvar a muchos que ni siquiera le conocen! Que ame tanto, pero tanto, que desea tener una relación personal con nosotros y nos ofrece la vida eterna. Que ame tanto, pero tanto, que nos salve. No sé ustedes, pero yo no conozco a nadie así.

Tienes que sentir al menos ternura en tu corazón por un amor tan grande como ese, ¿no les parece? Es definitivamente una historia de amor muchísimo mejor que las creadas en Hollywood o en cualquier plataforma digital o en cualquier libro antes escrito.

Pero tengo que contarles que es lo mejor de lo mejor de esta historia de amor: cuando aceptas ese amor incondicional, nunca te abandona. No te abandona, sino que te sostiene y te anima donde estés o como estés, sin nada a cambio. Díganme si no es la mejor historia de amor que puedan conocer o vivir.

En este año que iniciamos, el calendario se rindió a los pies de Cristo. Es la primera vez (tal vez ha pasado antes, pero no lo sé) que observo que la celebración mundial del Día del Amor y la Amistad coincide con el inicio de la Cuaresma, o con los cuarenta días de preparación espiritual recomendados para el sacrificio de amor más grande e importante de la historia de la humanidad.

Hoy recibiremos muchas felicitaciones, abrazos y, tal vez, flores, que todos necesitamos, no solo hoy, sino todos los días. Pero es solo hoy. Prepararse intencionalmente durante los próximos cuarenta días para reflexionar y acompañar a quien nos ama tanto no es un sentimiento. Es una decisión de amor que nos lleva a conocerlo mejor, a amarlo más y a compartirlo más con otros.

Hoy más que nunca resuenan estas palabras:

En aquellos días Juan el Bautista se presentó predicando en el desierto de Judea, y decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado”. (Mateo 3: 1 RV 1960)

Orando al Padre de nuestro Señor Jesucristo para que el inicio de este tiempo de reflexión esté lleno de Su amor, el único amor perfecto que celebramos todos los días gracias a Su misericordia infinita.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

Suscríbete o Contáctame