15/01/2026

Reflexionando

100 años

Joshua Hoehne en Unsplash
Joshua Hoehne en Unsplash

Sentada leyendo las noticias desde mi teléfono, siempre me maravillo cuando, al final de cada año calendario, todos los medios de comunicación se concentran en publicar las noticias más relevantes, las películas más vistas, los libros más leídos, los podcasts más escuchados, solo para mencionar momentos importantes que podemos repasar al mirar hacia atrás. Cada año nuevo es una página en blanco a punto de ser escrita. Y entramos con esa expectativa de novedad.

Pero mientras repasaba algunas de esas noticias publicadas hace como tres semanas, que ahora son obsoletas, de pronto mi mente divagó sobre lo que pudo ser lo más relevante hace cien años: en 1926.

Sentí curiosidad por saber cómo fue la historia de aquella época. Entonces investigué algunos acontecimientos importantes de ese año y me sorprendí. En materia política, a nivel mundial, fue un año de muchos cambios: invasiones, golpes de Estado y protestas (suspiro).

Me enteré de que Marilyn Monroe, Fidel Castro y la reina Elizabeth II nacieron en 1926. Además, el inventor John Logie Baird realizó la primera demostración de lo que sería la televisión moderna.

Una señora llamada Gertrude Ederle fue la primera mujer en cruzar el Canal de la Mancha nadando, y ese año se publicó por primera vez la historia del tierno osito conocido como Winnie-the-Pooh. Y claro, hay muchos, pero muchos otros eventos interesantes, sin mencionar aquellos que ocurrieron en nuestros países y de los que hemos aprendido cuando estudiamos en la escuela.

Nos encanta conocer la historia completa de todo, sea cual sea la circunstancia. Nos entristecemos o nos alegramos, y muy seguramente aprendemos algo y reflexionamos sobre lo que sucedió o pasó.

Sin embargo, es importante destacar que no somos meros observadores de lo que pasa a nuestro alrededor. Desde nuestro ámbito, influenciamos el curso de la historia, aunque no lo parezca ni lo creamos.

Escuchando a una amiga durante un encuentro que tuvimos con otras señoras, ella nos llamó a reflexionar sobre la importancia de nuestro lugar en la historia. No, no es casualidad que nacimos donde nacimos y el tiempo de la historia que nos ha correspondido vivir. Dios tiene un propósito.

Observemos lo que nos dice su palabra.

De un solo hombre hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y el lugar en que deben vivir, para que busquen a Dios, y quizá, como a tientas, puedan encontrarlo, aunque en verdad Dios no está lejos de cada uno de nosotros.
(Hechos de los Apóstoles 17: 26-27 DHH. El ennegrillado es mio)

Cuando escuché este verso bíblico de mi amiga durante ese encuentro, sentí algo especial al saber que Dios ya sabía dónde iba a vivir y en qué momento (de la historia). ¡Pero noten el propósito: para que busquemos a Dios!

Y el siguiente verso es aún más relevante porque nos asegura que Dios no está lejos de cada uno de nosotros, aunque pareciera que así fuera.

Cada año es diferente, como lo son las estaciones de la vida que atravesamos. Y encuentro interesante que, a pesar de los cambios que vivamos y que el mundo, en general, experimenta todo el tiempo, Dios siga siendo el mismo. Y la invitación a seguirle es en cualquier momento.

En estos primeros días del mes de enero he escuchado muchas predicciones sobre cómo se desarrollará este año. Es probable que así sea, o tal vez no. Ya tengo algunos planes que espero iniciar o completar durante 2026. Pero tal vez algunos cambien de rumbo. No lo sé.

Y así como decidí investigar qué pasó hace cien años, también me siento tentada a creer en las predicciones para este año que inicia. Pero, decidí confiar todo en un Dios soberano que me anima a buscarle para cumplir su propósito en este tiempo y lugar de la historia al cual me ha llamado.

Para mantener viva esa confianza, tengo que estar conectada con Él a través de su Hijo, Jesucristo. Él nos llamó a hacerlo y lo explicó de una forma muy sencilla:

Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada. (Juan 15:5 DHH)

Observen que solo unidos a Él podemos dar frutos del propósito que en este tiempo debemos compartir con el mundo. Pues ya ven que sin Él no podemos hacer nada. Como le escuché decir a alguien alguna vez: tenemos por delante otro año más para servir al Señor; hagamos nuestro trabajo para que Él se encargue del resto. Él lo sabe todo.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

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