15/01/2024
Priorizando
Solo una cosa


Solo una cosa es el título en español (One thing- Gary Keller y Jay Papasan 2016) de un libro que leí el año pasado. Es un libro que me dejó retada. No es que me retó, sino que aún me reta. No daré muchos detalles del libro, pero sí explicaré por qué me siento retada desde que lo leí y lo que quiero compartir con ustedes para ver si les reta igual, no el libro, sino uno de los conceptos presentados ahí.
Ofreciéndoles un contexto breve, es un libro que te brinda herramientas para que puedas usar tu tiempo lo más productivo posible. Como tengo varios roles que desempeño en mi vida, siempre leo sobre este tipo de temas de productividad para ser más eficiente y efectiva. No dudo que cada una de ustedes también están realizando muchas actividades desde donde Dios las ha colocado.
Cada temporada de la vida es diferente y requiere acciones ajustadas a ese tiempo específico para sacarle el mejor provecho. He aprendido —no fácilmente— que cada temporada tiene su afán. Y hay que disfrutarla tal y como viene; a veces, con dolores en la rodilla o con deseos de dejarlo todo a medias y salir corriendo. Pero volvamos al tema que quiero compartirles.
Coincidirán conmigo en que, con los años, de una u otra manera, hemos desarrollado nuestros propios mecanismos para sacar adelante nuestras tareas diarias. No les voy a compartir una receta para inventar la rueda. Solo quiero hacerlas reflexionar sobre eso.
Cuando ya iba muy avanzada en la lectura de este libro, una pregunta del autor me detuvo en seco. De hecho, me tomó tiempo retomar la lectura del libro para intentar contestar esa pregunta. Dice así: En tu larga lista de tareas diarias, ¿podrías escoger una sola que, al completarla, equivaldría a que ya no necesitarías seguir haciendo el resto? ¿Podrías decir que, al completar esa sola actividad, es como dar el día por hecho? Escoge una actividad. Solo una.
¡Ajá! Las tomé de sorpresa, ¿verdad? Presumo que apenas terminaron de leer lo que intencionalmente coloqué en estilo itálico, su mente, ya sea que se quedó en blanco (como me pasó a mí) o empezó a trabajar a miles de revoluciones repasando mentalmente su agenda diaria.
En mi caso, esa pregunta aún la tengo sonando en mi cabeza a pesar de que leí ese libro en agosto del año pasado. Pero, además, ese tiempo de reflexión acerca de cómo contestar esa pregunta me llevó a dos pasajes bíblicos que se conectaron directamente con esta pregunta en clave con el evangelio.
Ambos pasajes son sumamente conocidos, pero quiero que noten lo que coloqué en negritas en el texto bíblico de cada uno de ellos.
Cuando Jesús salía para irse, vino un hombre corriendo, y arrodillándose delante de Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le respondió: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios. Tú sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre”».
«Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud», dijo el hombre. Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; entonces vienes y me sigues». Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes. (Marcos 10: 17-22 NBLA)
Una cosa te falta. Este texto siempre, pero siempre lo leo con ojos nuevos. Me sorprende. Y me lleva a pensar que solo nos falta una cosa.
Pero veamos el segundo pasaje.
Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
(Lucas 10:38-42 RV1960)
Una sola cosa es necesaria. Sorprendente, ¿no? Una sola cosa es necesaria. En ambos textos, Jesús dice que solo una cosa, “unita” (como dirían los ecuatorianos), nos hace falta o es necesaria.
No tengo idea de cómo estará de lleno tu día cuando regreses a tu rutina regular luego de estos días feriados; tal vez como el mío, lleno de largas listas de cosas por hacer cada día, a las que voy tachando cuando las completo. Pero nuestro Padre Celestial, a través de su hijo Jesucristo, nos invita a escoger una sola cosa para completar nuestro día. Vean los ejemplos.
La decisión es nuestra. De pronto, al completar esa sola cosa, el resto de las actividades cae por su propio peso. ¿No les parece?