15/05/2024

Conectando

La conexión más rápida

Artem Kovalev en Unsplash
Artem Kovalev en Unsplash

Manejando por las afueras de la ciudad, me llamó la atención unos cables gigantes que estaban ubicados en la carretera y le pregunté a mi esposo qué eran esos cables. Él me contestó que eran cables de fibra óptica para internet. Ya instalados, procurarán una rapidez sin par en el uso del internet. Me imaginé todos los aparatos electrónicos que manejamos en nuestras casas que dependen de la red digital; todos conectados para ayudarnos a vivir una vida más fácil.

Me quedé pensando que, a la edad de mi hijo menor, mi mayor diversión después de llegar de la escuela, cambiarme, hacer tareas y ver algo de televisión era salir a jugar en la calle con los vecinos de mi edad, hasta que mi mamá nos llamaba para cenar. En cambio, ahora, con el uso del internet esos hábitos tan sencillos como salir a jugar con mis amigos como cuando era niña, se han transformado. Nuestra forma de relacionarnos es diferente.

Conectividad. Comunicación. Rapidez. Parece el eslogan de un anuncio publicitario, pero son tal vez los atributos generales más relevantes que el internet ofrece. Todos buscamos respuestas o soluciones rápidas. Para ello, la conexión es importante.

Nos maravillamos con todo lo que el internet puede hacer por nosotros hoy, pero perdemos de vista que, desde siempre, nuestro Padre Celestial busca y sabe lo importante que es para nosotros conectar y comunicarnos. Pero especialmente con Él, que es nuestro creador. A pesar de que esa relación se rompió en el Jardín del Edén, Jesús no solo la restauró con su muerte en la cruz y resurrección, sino que les compartió a sus discípulos cuando aún estaba con ellos un detalle en esa relación entre Él y nosotros que no podemos dejar pasar por alto:

“Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer”.
(Juan 15:15 RV 1960 el ennegrillado es mío)

¡Somos sus amigos! Entonces, si reflexionamos, podríamos decir que tenemos un padre que nos ama en nuestro Padre Celestial, un amigo y hermano que nos ama en Jesús, y, además, el Espíritu Santo —que es el Espíritu del Padre y del Hijo a su vez— que nos ama, consuela y guía.

La Trinidad está completamente a nuestra disposición cuando decidimos comunicarnos con el Padre, con el Hijo o con el Espíritu Santo. Y la palabra clave para mantener esa comunicación es la oración. Jesús mismo nos modeló un ejemplo de oración: nos recomendó un lugar especial —en el secreto de tu aposento o tal vez en otro lugar, pero apartado— para poder comunicarnos con el Padre (Mt. 6: 5-15), y él mismo pasaba tiempo orando con su Padre.

Es el único lugar seguro donde podemos ser nosotras sin que nadie te juzgue o te critique — inclusive de nosotras mismas, que solemos ser muy severas.

Y ahí empieza un milagro que el internet y todo lo que ofrece nunca nos van a llenar. Mientras más entramos en comunicación con Él —de acuerdo con tu disponibilidad, pero de manera consistente—, nuestra perspectiva sobre los problemas que atravesamos adquiere otra dimensión. Sin mucho ruido, nuestro carácter empieza a ser moldeado por Su carácter y nos llenamos de Su paz.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7 RV 1960)

Escoge un lugar (si aún no lo has hecho). Escoge una hora que te convenga (a solas, definitivamente es mejor) y, como te sientas con una de tus amigas, decide conversar con el Padre que está esperándote para escucharte…siempre.

No necesitas enviarle un mensaje de texto antes para saber si está disponible, ni escuchar el ruido del timbre del teléfono cuando suena y nadie levanta para que al final se escuche el buzón de voz indicando que no puede conversar. O revisar la hora para saber si es muy temprano o muy tarde para llamar.

No hay requerimientos tecnológicos: teléfonos inteligentes o de última generación o WIFI al cual tengas que conectarte o una aplicación que descargar. Es gratis. No recibirás factura al final del mes por el servicio prestado. Ni tienes que comprar “equipos extra” para una mejor comunicación ni cambiarte a un mejor plan después de un tiempo.

Él solo pide nuestra voluntad e interés en hablarle y en escucharle. En cualquier momento y donde estemos. Así como cuando iniciamos una amistad con alguien, con el tiempo descubres lo que le hace reír, lo que le gusta o lo que le incomoda. Si nuestro tiempo de comunión lo acompañamos con la lectura, meditación y estudio de Su palabra, uno nunca vuelve a ser el mismo.

Prayer: the ultimate wireless connection (La oración: la conexión inalámbrica definitiva) es una frase que vi en un anuncio en la entrada de una iglesia hace unos años. ¡Definitivamente no se podía expresar mejor! No perdamos esa oportunidad.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

Suscríbete o Contáctame