06/15/2024

En quietud

Yo opino

Decía uno de mis profesores de la universidad que muchos periodistas son personas que se asemejan al mar; con un vasto conocimiento de todo…pero con un centímetro de profundidad. Y por eso, él recomendaba que siempre nos actualizáramos leyendo, haciendo investigaciones, viendo documentales, porque ciertamente no sabríamos de todo, pero sí deberíamos estar obligados a saber quién o quiénes saben de ese tema o de cualquier tema.

Ese era uno de los consejos más importantes que aprendí en la escuela de comunicación en la que me gradué hace más de veinte años. Ahora me pregunto cómo mi profesor aplicaría ese principio en esta era de las redes sociales, especialmente en TikTok. No sé si estaría contento…o aterrado.

Para bien o para mal —aun lo sigo debatiendo en mi mente y en mi corazón especialmente— me impresiona cómo las redes sociales han abierto la puerta para que todo aquel que tenga los medios tecnológicos pueda opinar sobre lo que sea. A veces sin base científica. Otras veces con mucho respaldo documental. Hay tanta información en circulación en las redes sociales que, muchas veces, nos toca discernir entre lo falso y lo verdadero.

Toda esa información se genera por nuestro deseo de compartir. De opinar y hacernos oír. Creemos que nuestra opinión es importante y que promoverá algún cambio, generalmente para bien —según nosotros o según lo que entendemos de una determinada situación—. Escribir estas reflexiones y notas y compartirlas con ustedes es un buen ejemplo.

Pero en este proceso de relación con el Padre Celestial descubro un principio que no encaja precisamente con cómo el mundo nos enseña a actuar respecto de este tema tan interesante de opinar. Me refiero a ser siempre opinativos y a hacerlo cuando tengamos la oportunidad.

Juntas, procuremos regresar al momento mismo en el que el pensamiento o el deseo de opinar se crea: en nuestra mente y desde nuestro entendimiento (cultural o contextual) de la situación. Puede ser una situación personal o la de otra persona. Pero, refiriéndonos a nosotras mismas, aunque no lo creamos, opinamos sobre nosotras (aunque suene redundante). ¡Y muchas veces declaramos mentiras! Y lo que es peor, muchas merecemos una estatuilla de los Óscar por crear una película completa en nuestra mente… en segundos. Y con un reparto completo de personajes.

Yendo directamente al punto, siento en mi corazón que Dios me llama a tomar en cuenta cuando me animo a opinar —de lo que sea, donde sea y en cualquier momento, aunque no me pregunten—, observo lo siguiente: la importancia de no creer en mi propio entendimiento.

Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión, más bien teme al Señor, y huye del mal. (Proverbios 3:5-7 NVI El ennegrillado es mío)

Noten que, en apenas dos versos bíblicos consecutivos, el Señor, a través del autor del libro de Proverbios, aparentemente recomienda lo mismo. Les animo a que lean las diferentes versiones bíblicas que pueden encontrar de este pasaje y, aun mejor, a leer todo el capítulo tres, donde hay recomendaciones sobre cómo vivir sabiamente cuando uno camina con el Señor.

Pero en esta versión bíblica que ahora les comparto, me llama la atención que la inteligencia no es lo mismo que ser sabio. Cierto es que muchas veces podemos ser muy inteligentes (llenos de conocimiento), pero no actuar con sabiduría. O lo contrario. Podemos creer que somos muy sabios, pero no actuamos con inteligencia. Pero cualquiera que sea el caso, Dios nos llama a no confiar ni en nuestra inteligencia ni en tu sabiduría.

Y, en cambio, nos llama a que confiemos de todo corazón en Él, lo reconozcamos en todos nuestros caminos, porque Él es capaz de enderezar cualquier senda (si está torcida), y le temamos u honremos por todo lo grande y maravilloso que Él es, además de animarnos a huir del mal.

Creo que hay mucho orgullo cuando opinamos por todo, y fácilmente nos colocamos en la posición de juzgar al otro, cuando no nos corresponde. Ese es el trabajo de Dios. Por muy difíciles que sean las circunstancias que atravesamos o que otros viven en este mundo roto, procuremos construir puentes con nuestras opiniones, en vez de dinamitar los espacios que tal vez sean los únicos seguros para muchos.

No es coincidencia que este pasaje bíblico sea el título que decidí utilizar como paraguas para escribir todo lo que les comparto, pues creo que me sirve como un ancla que me sujeta a tierra para evitar que el barco de mis pensamientos y opiniones vaya a la deriva.

En el Evangelio de Juan, encontramos esta maravillosa verdad acerca de Jesús mientras conversaba con sus discípulos, y refiriéndose a Él mismo :

Jesús le dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.
(Juan 14:6 Reina-Valera 1960)

¿No les parece a ustedes que la misericordia del Padre Celestial es tan grande que, en Jesús, encontramos el único camino, la única verdad y la vida misma que recomienda el autor de Proverbios 3: 5-7 cuando menciona que confiemos en el Señor, lo reconozcamos y le temamos? Yo creo que sí.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

Suscríbete o Contáctame