01/09/2024
Ensanchando
No


No había forma de hacerme cambiar de opinión cada vez que mi esposo me animaba a que nos fuéramos de campamento. Sí, me refiero a instalar una casa de campaña en el bosque, dormir en camas inflables o en sleeping bags. Peor aún, cocinar al aire libre: quién sabe ni qué. Justamente la parte de cocinar era la que más me molestaba; pues ya es todo un esfuerzo —para mí— cocinar en un lugar cómodo, imagínense ir a cocinar en un lugar incómodo. Y eso era apenas un par de actividades de la lista interminable que yo encontraba como excusa justa para no participar de ellas.
Sin embargo, él siempre traía el tema cuando podía y coincidió en que una amiga muy querida que recién conocí en ese entonces no solo me animó, sino que se ofreció a prestarme algunos artículos que podíamos necesitar, pues ella y su familia son fanáticos de hacer campamento. Nosotros ya teníamos la casa de campaña y un par de cosas más, pues mi esposo nunca desistió de la idea. Y bueno, decidí animarme y nos fuimos de campamento. Eso fue hace más o menos trece años.
Ahora que veo hacia atrás en el tiempo, descubro que fue toda una experiencia. ¡Ese primer campamento fue de una semana completa! De esa aventura a todo lo que hacemos ahora, hemos aprendido muchísimo. Y bajo ciertas circunstancias, disfruto irnos de campamento. Hay un encanto especial en estar sentada frente a una fogata por la tarde o bien en tomar una taza de café temprano en la mañana mientras disfruto de la naturaleza. Siento como si los árboles hablaran entre sí en un lenguaje inmortal y yo fuera testigo de ello.
Pero al reflexionar, hoy les pregunto a cada una de ustedes: ¿Será que Dios te está llamando a hacer algo en concreto desde hace tiempo y tu respuesta es siempre…no? Por la razón que sea. Pero allá, en el fondo, muy en el fondo de tu corazón, hay un llamado, un sueño que, de tanto en tanto, se te viene a la mente, pero tu mente está presta a traerte todas las excusas posibles para no realizarlo. Y especialmente cuando uno siente que viene de Dios.
Ante la resistencia que tuve a la idea de irnos de campamento, pienso en todas las barreras u obstáculos que mi razonamiento pudo encontrar para no ir. En vez de al menos considerarlo, mi respuesta siempre fue no.
Y he estado reflexionando al respecto porque recientemente me he encontrado con situaciones o diosidencias que me obligan a salir de mi zona de confort y mi reacción natural es no. Es duro el cambio, ¿verdad? Si. Es duro y es parte de nuestro crecimiento, queramos o no.
En mis memorias de “noes” la experiencia del campamento es tal vez la más relevante…de muchas. Y en ese proceso de reflexión, Dios me trae un pasaje bíblico que recuerdo que fue predicado por nuestro pastor hace algunos años y que se encuentra en el libro del profeta Isaías. Y dice así (¡a propósito de tiendas de campaña y similares!) :
Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas. (Isaias 54: 2-3 RV 1960)
En este pasaje, Isaías profetiza todo lo bueno que traerá la venida de un salvador (anunciada en el capítulo anterior y que es Jesús), y es interesante destacar cómo le dice al pueblo de Israel que se preparen, que ensanchen sus tiendas, pues no sea que se queden pequeñas. Específicamente en esta versión dice no sean escasas ¿Y eso qué significa? Que amplíen todo lo que puedan, pues la provisión será grande y no tendrán suficiente espacio si usan el que tienen ahora. Por eso, la necesidad de ampliar.
Pero noten el trabajo que implica ensanchar: alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas. Son dos acciones que garantizan que la tienda está segura, pero, más que nada, que sea grande y firme. Quiero abordar el tema en el contexto de ampliar tu mente y tus horizontes más allá de lo que has vivido o conocido hasta ahora.
Ese pasaje es maravilloso porque no solo trae esperanza, sino que también nos anuncia todas las cosas buenas que Dios tiene para nosotros cuando decidimos ensanchar nuestra tienda.
¿Cuándo fue la última vez que ensanchaste tu tienda? ¿Confiando en Dios y en la promesa de un llamado o un sueño decidiste —en vez de decir que no— alargar tus cuerdas y reforzar tus estacas y esperar en Él?
Pidámosle a nuestro Padre Celestial hoy que, a través de su Espíritu Santo, derrumbe todos los NO que evitan que podamos ensanchar nuestra tienda: la tienda de nuestra mente y de nuestra voluntad. No sabemos, hermanas, de cuánta bendición nos hemos perdido hasta ahora por el miedo y la desidia.
¡Señor, hoy quiero alargar mis cuerdas y reforzar mis estacas, porque estoy ensanchando mi tienda para recibirte en mi corazón y, especialmente, en mi voluntad, con todo lo que ello implica! A Él sea toda la gloria.