15/09/2024

Esperando

La Mejor Espera

Charis Gegelman en Unsplash
Charis Gegelman en Unsplash

He estado recordando al gineco-obstetra que ayudó a traer a mi hija mayor al mundo. Un profesional de la salud que, además de ser ginecólogo, era oncólogo. Sumamente capaz, pero con una característica que no recuerdo haber visto tan marcada en ningún otro médico que me haya atendido. Su capacidad natural para atenderte como si fueras el único paciente que tuviera que atender ese día.

Eso era un arma de doble filo. Cada consulta con él duraba de más o menos una hora a una hora y quince minutos. De manera que, cuando yo tenía cita, sabía de antemano que tenía que dejar mi mañana, tarde o noche, lo más limpia posible de otras actividades, porque era seguro que la hora de la cita era solo una referencia. No tenías realmente idea de a qué hora podía atenderte, generalmente en promedio dos horas después o más. Todas sus pacientes lo sabían, pero no solo esa sala de espera estaba siempre llena, sino que esperábamos con paciencia y alegría. Nadie se quejaba.

Sí, con alegría. Porque cuando finalmente te atendía, la consulta se convertía en encontrarte con un amigo de hace años con quien te pones al día. Nunca te hacía sentir como paciente. Yo siempre disfrutaba ese tiempo porque tenía la oportunidad de preguntar lo que quisiera y él me respondía con calma y tranquilidad.

Lo he estado recordando mucho estos días porque nuevamente estoy en mi estudio bíblico del libro de Hebreos después de una pausa de verano. Revisando mis notas me detuve a reflexionar sobre uno de los pasajes más conocidos del libro de Hebreos:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11: 1 RV1960)

Agradeceré que centren su atención en la espera de este pasaje. El autor del libro de Hebreos destaca que hay una certeza total en lo que se espera. En términos modernos, diríamos que si compramos en línea un libro, lo que recibiremos es… el libro que ordenamos. ¿No es así? Estamos seguras de lo que pedimos y si lo que llega no es lo que ordenamos, lo regresamos.

Pero ¿por qué el autor del libro de Hebreos está tan, pero tan seguro? ¿Es destacar que la fe es la seguridad en lo que se espera, a pesar de que no lo hemos visto?

¡Aja! Porque si nos regresamos al capitulo anterior - especificamente en Hebreos 10:1-25 que les animo a leer y si leen e capitulo completo aun mejor - el autor nos lleva de la mano sobre como nuestro señor Jesucristo de una vez y para siempre con su muerte y resurreccion en la cruz realizó un solo sacrificio en vez del sacrificio anual que se realizaba en el templo con sacerdotes que eventualmente morían con el pasar de los años, usando sangre de animales, y que al final ni quitaban los pecados.

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. (Hebreos 10:19-23 RV 1960)

Y así, si continuamos leyendo todo ese capítulo, nos recuerda lo que Jesucristo hizo, lo que significa para nosotros, incluyendo la gran responsabilidad de ese amor y misericordia. Por lo tanto, el autor concluye, a inicios del capítulo once, que representa la fe, aunque no la veamos con los ojos naturales.

Imagínense que esa espera, con certeza —o sea, la fe— ya estaba presente en el Antiguo Testamento cuando el autor empieza a mencionar todo lo que muchos hicieron en fe (Hebreos 11: 2-39). Un buen ejemplo para nosotros.

Hermanas, no sé ustedes, pero yo paciencia no tengo. Esperar es, para mí, como cuando estaba sentada en la secundaria, intentando comprender la geometría analítica. No me gustaba para nada, pero me tocaba estar ahí. Y sin embargo, he aprendido —con dolor, la mayor de las veces— a ser paciente con cada proceso que tengo que enfrentar.

Pero mi Padre Celestial me trajo a la memoria todo lo alegre y paciente que estuve esperando durante una hora a un médico que apenas me atendería durante mi embarazo de nueve meses. Imagínense la fe y la esperanza a las que podemos acceder a través de Jesucristo para la eternidad.

Procuremos mantenernos firmes—no es fácil, pero tampoco imposible si la esperanza está puesta en Jesucristo, el consumador de nuestra fe.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

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