01/11/2024

Mirando hacia arriba

Tu pais

No hay que marcharse lejos, para ver amanecer. Ni buscar otro lugar, ni otro vino que beber, ni otras gentes que te puedan comprender Así inicia la letra de la canción “Tu País”, del cantante español José Luis Perales. Una canción que crecí escuchando desde niña y que siempre me provocó cierta tristeza, tal vez como un presagio de que viviría fuera de mi país natal en la adultez.

Claro, cuando esa canción se hizo conocida allá por la década de los setenta (¡del siglo pasado!), el compositor tal vez no pensó (creo yo) que muchas veces uno no sale de su país de nacimiento porque quiere.

Las Naciones Unidas aseguran que el grado de desplazamiento poblacional en el mundo durante los últimos 30 años (mayoritariamente debido a guerras, desastres naturales y crisis económicas) es histórico. O mejor dicho, sin precedentes.

Observemos lo que sucede desde que inició el conflicto armado entre Israel y Palestina tras los ataques y secuestros del grupo Hamás a Israel en octubre del año pasado: el 83% de los habitantes de la Franja de Gaza se desplazaron en más o menos tres meses.1

Este es solo un ejemplo de muchos. Pero, fuera de los conflictos armados, hay otras razones, como el estudio, el trabajo, el matrimonio, el cuidado de padres, hijos y nietos. En fin, de una u otra manera, muchos no viven en el lugar donde nacieron y crecieron o vivieron al menos su niñez y juventud.

Pero cuando Dios, en su infinita misericordia nos llama a ser sus hijos, y nos invita a ser parte de su Reino, sucede un milagro del cual disfruto como alguien que no vive en el pais que nació, y que ademas no tiene familia biológica que viva cerca.

Uno pasa a formar parte de la familia de la fe que Cristo preside como cabeza de la iglesia. De pronto, personas que vienen de diferentes lugares del mundo, con conocimientos y experiencias de vida completamente diferentes a los de uno, se convierten en padres espirituales, en hermanos y hermanas que cuidan y están pendientes, como familia.

Como en todos lados, no existen familias perfectas. Uno mismo lucha todos los días con sus propias debilidades; no puede esperar menos del otro. A pesar de ello, tener a Cristo como centro no solo te da fuerzas (Él da las fuerzas, no vienen de nosotros), sino que también te anima a ser compasivo y misericordioso, como lo es nuestro Padre Celestial.

En Gálatas 6:10, Pablo nos recuerda lo siguiente:

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. (Gálatas 6:10 RV 1960)

Si leen los primeros nueve versículos anteriores a este (espero en el Señor que tomen su Biblia y se animen a leerlo en la versión que deseen), es una exhortación sobre cómo relacionarnos con el otro desde el amor de Cristo.

En la familia de la fe que Dios me ha regalado me ha tocado llorar, acompañar, y enterrar hermanos y hermanas que lucharon con fe y esperan al Señor cuando El decida venir de nuevo. Disfruto con quienes compartimos la esperanza que su amor provee y que, a través de su Espíritu, nos sostiene y guía. Me alegro cuando escucho testimonios de cómo Dios nos ama.

He aprendido —a pesar del clima, la cultura o el idioma que hablo y que no es el mío— que nuestra ciudadanía está en los cielos. Podemos poseer varios pasaportes, pero, al final, la ciudadanía que cuenta es la que tendremos para toda la eternidad.

Como bien dijo Pablo a los Filipenses:

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. (Filipenses 3: 20-21 RV 1960 )

No les miento que extraño mi país de origen y la familia y amigos que aún viven ahí, pero reconozco que ser ciudadana del Reino de Dios es una bendición inmerecida que solo puede venir de un Padre amoroso que me ama profundamente. Me recuerda, además, que donde me encuentro tengo un propósito de su parte que cumplir.

A Él sea toda la gloria.

Aida C. Omeir
Creciendo en El
  1. Información completa sobre este dato aqui: https://www.internal-displacement.org/spotlights/Palestina-El-conflicto-en-Gaza-desplaza-al-83-de-la-poblacion-en-menos-de-tres-meses/ ↩︎

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