26/02/2026

Comprendiendo

Fácil y ligero

M. Omeir en OCAST Publicaciones y Medios
M. Omeir en OCAST Publicaciones y Medios

Releyendo el evangelio según el apóstol Mateo, me encontré de nuevo con este pasaje que no dudo que han leído, estudiado y meditado muchas veces que dice así:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11: 28-30 Reina-Valera 1960 El ennegrillado es mío)

Sin embargo, esta vez decidí reflexionar con más detalle sobre este maravilloso texto, incluso comparar este pasaje entre diferentes versiones bíblicas. Mi deseo fue comprender esta invitación de Jesús a seguirle, pues Él dice que su yugo es fácil y su carga ligera. Pero si leemos los primeros once capítulos que preceden este verso, su vida hasta ahora no ha sido ni fácil ni ligera. Ni lo será después.

Desde su nacimiento en un pesebre hasta su muerte y resurrección (incluso el encuentro con sus discípulos ya resucitado), la vida de Jesús estuvo envuelta en controversia. Había sido anunciado antes. Desencuentro con las autoridades eclesiásticas de la época, reuniones o amistad con personas que no eran muy bien vistas socialmente ni siquiera entre los judíos, “milagros” sobrenaturales, como curar enfermedades o resucitar a los muertos. Y su grupo de amigos, bueno, esa es otra historia. Su muerte en la cruz, toda una vergüenza. ¿Y resucitó? Nadie lo creía hasta que se les apareció a muchos de ellos.

Sin embargo, cuando hablaba, algo sucedía. Echemos un vistazo a eso:

“Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”. (Mateo 7: 28-29 Reina-Valera 1960 El ennegrillado es mío)

Le respondió Simón Pedro: Señor, “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. (Juan 6:68 Reina-Valera 1960 El ennegrillado es mío)

Volviendo al texto en el que estamos reflexionando hoy, observemos cómo, a pesar de todo lo que Jesús pudo haber experimentado o vivido hasta ahora, invita a todos los que están cansados a descansar en Él, porque su yugo es fácil y su carga ligera. ¿Cómo así?

Dependencia en el Padre

Si leemos el contexto en el que Jesús expresó estas palabras, nos damos cuenta de que el texto inmediatamente anterior es una oración de alabanza en la que Jesús no solo expresa su dependencia total del Padre Celestial, sino que revela que la relación de hijo y padre es intrínseca: quien lo conoce a Él (Jesús) conoce también al Padre. Observemos:

En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. (Mateo 11: 25-27 Reina-Valera 1960 El ennegrillado es mío)

Y a continuación, Mateo registra esa maravillosa invitación que todas conocemos y meditamos. Pero si tomamos en consideración que en el verso anterior Jesús declara que Él y el Padre son la misma persona, entonces la invitación a descansar en Él que le sigue a continuación, expresada en la persona de Jesús, es en nombre de ambos. Pero aún hay más.

(Siempre invitándoles a que tomen su Biblia y la revisen por ustedes mismas. No dudo que el Espíritu Santo les mostrará mucho, pero mucho más)

Descanso del alma

Ya ustedes lo sabrán más por experiencia que por algún comentario que hayan escuchado antes, y es que hay dos tipos de descanso: el del cuerpo y el del alma. Generalmente, el más difícil de disfrutar es el segundo, por muy relajado que esté nuestro cuerpo. Es la batalla permanente de nuestra mente y de nuestras emociones, ya sea afectada por nosotras mismas o por fuerzas externas, como las personas o las circunstancias que nos rodean.

Y quiero que noten esto. Y que lo lean varias veces si es posible (yo lo hice porque me pareció necesario). Cuando Jesús nos invita a descansar, no se trata especialmente de descanso físico, sino de descanso de nuestra alma.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11: 28-30 Reina-Valera 1960 El ennegrillado es mío)

¿Trabajados? ¿Cargados? Seguramente que sí, después de una dura jornada de trabajo, y luego nos corresponde manejar en un tráfico terrible; realizar tareas domésticas o cuidar a familiares (nietos, padres ancianos, hijos o sobrinos con discapacidad o con retos de aprendizaje), pero el cansancio es peor cuando no hay comprensión, apoyo ni comunicación. O estamos solos y, a veces, perdidos, preguntándonos adónde debemos ir. (Solo por mencionar algunos ejemplos, pero usted sabe lo que está viviendo que es cansado y retador.)

Entonces, nuestro tanque emocional se vacía para llenarse de resentimiento, tristeza o, simplemente, apatía. Desinterés. Ganas de salir corriendo a donde sea. Y aquí estamos enfrentando el cansancio emocional que afecta nuestras almas. Y Jesús se ofrece como solución. Él mismo, como ejemplo, a pesar de todo lo que vivía y enfrentaba. Volvamos al texto:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
(Mateo 11: 28-30 Reina-Valera 1960 El ennegrillado es mío)

En ningún momento menciona que la situación que enfrentemos nos será quitada o removida, sino que nos anima a que llevemos su yugo y aprendamos de su actitud mansa y humilde de corazón, y por eso el yugo (su yugo) es fácil y la carga ligera.

Es un tema de perspectiva, porque creo que, en nuestra total dependencia del Padre Celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo que vive en nosotros, la situación que enfrentamos se transforma. Es diferente. Es vivirla desde otro ángulo.

Dependencia en el Padre. Descanso del alma. Actitud mansa y humilde de corazón. Yugo fácil y carga ligera.

Antes de terminar el texto que están leyendo ahora, me enfrenté a una situación frustrante. Cuando regresé a mi casa y parqué el carro, le dije al Padre Celestial que estaba súper molesta y frustrada. Ni me quería bajar del carro. Respiré hondo. Sentí que me susurró al oído y me dijo: “Lo sé. Pero ya estás aquí sana y salva”. Y volví a respirar profundo.

Por supuesto, esta situación no es de las más frustrantes que he atravesado. Algunas consumen de un solo mi cuota de resiliencia de un año completo si es que existe algo así, y tengo que seguir adelante. A partir de ahora, espero tener presente que la situación probablemente no cambie. Pero le pido al Espíritu Santo que me regale su sabiduría para que lo enfrente de manera diferente.

Estoy convencida de que regresaré a este pasaje todas las veces que sea necesario, porque necesito escuchar esa invitación de Jesús cada vez que deje de depender totalmente de mi Padre Celestial y permita que su hijo Jesús pueda sustituir su carga por la mía. Su yugo es fácil y su carga es ligera.

Además, le pido al Padre Celestial por usted y por mí, para que aceptemos esa maravillosa invitación que Cristo nos ofrece: descansar nuestra alma en Él. Sin fecha de expiración.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

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