11/06/2026

Esperando

Mientras tanto

Fedrica Ariemma en Unsplash
Fedrica Ariemma en Unsplash

¿No les ha pasado que hay temas en los que evitamos profundizar y, por ello, los pasamos por alto intencionalmente? Eso es lo que ha pasado conmigo en los últimos años, cuando mis lecturas bíblicas me llevan, de una u otra manera, a estudiar o a escuchar sermones sobre el rapto, el juicio final u otros temas relacionados con la segunda venida de Cristo. He oído mucho al respecto, pero he sido muy escéptica con la información que leo o escucho cuando otros discuten sobre esta materia.

Mi esposo y yo comentamos que aún no hemos conocido a un pastor de nuestro entorno que haya decidido iniciar una serie sobre el libro de Apocalipsis. Ni nosotros hemos mostrado interés en estudiarlo.

Sí, al mencionar esos temas, les generé expectativas sobre lo que leerán más adelante; lamento haberlos decepcionado. No pienso abordar esta temática directamente, pero sí comentarles un enfoque interesante que aprendí en una clase sobre epístolas escatológicas que acabo de concluir. Estudiando especialmente los libros de Primera y Segunda de Tesalonicenses del Nuevo Testamento.

Ya la palabra escatología (fin de los tiempos) me generó cierto ruido mental. Pero decidí aventurarme más por curiosidad y creyendo que la Palabra de Dios no debe tomarse a la ligera: ya era hora de enfrentarme a este tema.

Y me sorprendí. Animándoles siempre a que, en su tiempo de lecturas de la Biblia, consideren leer estas dos cartas (que son muy cortas pero profundas) si no lo han hecho ya, o revisar junto conmigo el tema de este artículo a la luz de lo que para mí fue revelador.

En un contexto muy general sobre estas dos cartas que Pablo le escribió a la comunidad de Tesalónica , es interesante destacar que él estuvo en esa ciudad apenas tres semanas. Sin embargo, la impresión que tuvo de quienes conoció y compartió ahí fue tan grande que no solo les escribió una, sino dos cartas de seguimiento en un lapso de aproximadamente seis meses entre una y otra.

Pero ¿por qué estas cartas han sido designadas como escatológicas y por qué escribió dos cartas ? En primer lugar, como punto relevante, en la Primera carta a los Tesalonicenses, Pablo, además de animar a todos los hermanos en medio de las persecuciones que enfrentan, anuncia la venida de Cristo.
Leamos:

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego, nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. (1 Tesalonicenses 4:13-18 Reina-Valera 1960)

Insisto: vayan a sus Biblias y lean el texto completo, pues Pablo ofrece más detalles sobre la venida del Señor. Pero si leemos correctamente el pasaje que les compartí, Pablo cuenta con que él será del grupo que lo recibirá aún en vida y no de los que duermen. Eso denota que, según Pablo, la venida de Cristo ocurrirá en su tiempo terrenal.

¡Imagínense la impresión de quienes recibieron esa carta por primera vez al conocer ese detalle tan particular! Si leen las cartas, se enterarán de que algunos incluso dejaron de trabajar porque estaban a la espera de que la venida de Jesús fuera…en cualquier momento.

Al conocer la reacción de esta comunidad a sus comentarios sobre la primera carta, Pablo se ve obligado a escribirle una segunda carta para aclarar qué tan cerca está la venida del Señor. El tono y el tiempo cambian. Leamos:

Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. (2 Carta a los Tesalonicenses 2:1-3 Reina-Valera 1960)

Tanto en una carta como en la otra, la información sobre la segunda venida de Cristo es inmensamente valiosa, pero la omito intencionalmente porque no es el objetivo de lo que quiero compartirles.

El objetivo principal de estas cartas de Pablo —y de casi todas sus cartas— es animarlos en la fe que acaban de abrazar al conocer a Jesús. Es mantener viva la esperanza mientras esperamos la segunda venida de nuestro Señor: a pesar de las persecuciones y el sufrimiento, recordándoles quién los llamó y cómo, y que se mantengan alerta ante las falsas doctrinas que los atacaban en ese tiempo (no muy diferente de las que enfrentamos hoy).

Es un llamado al mientras tanto; esperamos la venida de Cristo —gloriosa y sin par— y preparamos nuestros corazones con esperanza y anhelo para ese día. Y hay tantas recomendaciones sobre ese tema para los hermanos de Tesalónica en las dos cartas, tan válidas como si las hubieran escrito ayer y las dirigieran a nosotros hoy. Nuestro estudio se centró en la importancia de esa esperanza y en todo lo que ello implica en nuestra vida diaria, tanto a nivel personal como en la comunidad, lo cual ciertamente me animó muchísimo.

Pero el tema de la esperanza no es nuevo en las cartas de Pablo. Y, al volver a leer el Nuevo Testamento, descubro cómo el Espíritu Santo, a través de Pablo, viene revelando detalles sobre la importancia y la firmeza que debemos tener al esperar en Cristo. Les mencionó aquí un par.

En la Primera Carta a los Corintios, Pablo señala que Jesús mismo es la garantía de esa esperanza al resucitar entre los muertos. Leamos:

Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. (1 Corintios 15: 13-14 Reina-Valera 1960. El ennegrillado es mío)

Pero aun sabiendo esta verdad sobre la resurrección de Jesús, es el mismo Espíritu Santo quien la reafirma en nuestros corazones. Miren cómo se lo explicó Pablo a la comunidad de los romanos:

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (Romanos 5: 1-5 Reina-Valera 1960. El ennegrillado es mío)

Una esperanza con garantía que proviene del Espíritu Santo y nos anima a caminar ética y activamente, manteniéndonos alegres en la esperanza (Romanos 12:12). Considerando que la segunda venida de Cristo no es solo recibir la vida eterna, sino también el cumplimiento de nuestra esperanza al vivir en plenitud con Él.

Al concluir cada sesión de nuestra clase, el profesor nos despedía diciendo: «Nos vemos hasta la próxima semana si Jesús no viene antes». Yo me sonreía, pero pensaba en cómo viviría el “mientras tanto”.

No sé cómo será tu “mientras tanto”, pero te animo a que lo vivamos con esperanza. A pesar de todo. Veintún siglos después de que Pablo escribiera esas dos cartas a la comunidad de Tesalónica, la esperanza es la misma, y créeme que los problemas que ellos y todos los que los preceden también lo son. Incluyéndonos a nosotros. Pero la promesa se mantiene y se cumplirá.

Mantengamos activa nuestra esperanza todos los días.

Aida C. Omeir
Creciendo en El

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